Terremotos en El Salvador del siglo XIX (1801-1850)

Posted Mayo 21, 2017 11:00 pm by

Terremotos en El Salvador del siglo XIX (1801-1850)
Terremotos en El Salvador del siglo XIX (1801-1850)
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Por Carlos Cañas Dinarte

May 20, 2017- 19:00

En las primeras décadas del siglo XIX, la Provincia e Intendencia de San Salvador comenzó a ver el eclipse del período español en las tierras americanas. En ese sentido, cada fenómeno natural que la afectara marcaría años de retroceso o estancamiento económico, porque las fuentes oficiales para esa posible reconstrucción estaban centradas en las guerras de independencia que se desarrollaban en campos de batalla lejanos, en el norte y sur del continente.

En una fecha indeterminada de 1806, un temblor -originado por una erupción del cono volcánico de El Playón- sembró destrucción en la ciudad de San Salvador. Ocho años más tarde, otro terremoto echó por tierra a buena parte de la capital de la Intendencia, en momentos en que la misma ya se encontraba en los afanes rebeldes de otro intento emancipador más dentro del Reino de Guatemala.

El jueves 10 de agosto de 1815 ocurrió un terremoto en el norte y oriente de la Intendencia, que fue la culminación de una serie de temblores iniciada desde el año anterior. En la ciudad de San Salvador, la Iglesia de la Presentación o de San José quedó muy deteriorada, pero la Iglesia Parroquial (ahora Iglesia del Rosario), que solo tenía tres años de haber sido concluida, sufrió pocos daños. Las que sí fueron arruinadas fueron las prisiones (donde se encontraban encarcelados varios de “los americanos de San Salvador”, independentistas apresados desde el primer trimestre de 1814 y quienes permanecieron incomunicados en sus derruidas celdas), la iglesia de la Santa Cruz de Roma, en Panchimalco, el puente sobre el río Acelhuate, las cañerías de barro para agua potable y muchas casas particulares.

El uso de mejores materiales constructivos -cada vez más alejados de los empleados durante la colonización española- permitió que, en julio de 1820, un fuerte temblor no causara daños en las casas, templos y edificios públicos de San Salvador.

Transcurrida una década, en 1830 tuvieron lugar varios temblores de regular magnitud bajo el suelo de la capital salvadoreña y del departamento de Sonsonate. Para entonces, ya el Estado de El Salvador tenía seis años de haber sido fundado y formaba parte de la siempre tambaleante República Federal Centroamericana.

A las 13:00 horas del 7 de febrero de 1831, fuertes movimientos de tierra causan ruina y destrucción en la ciudad de San Salvador y localidades sureñas, como Comasagua, Jayaque, Armenia e Izalco.

Para solventar la situación, el gobierno nacional y los particulares tuvieron que efectuar cuantiosas erogaciones, por lo que el déficit fiscal del país sufrió un significativo déficit. Para superarlo, las autoridades salvadoreñas ordenaron la elevación del precio del tabaco, con lo que entraron en serios conflictos con el gobierno federal, que alegó que la renta de dicho producto vegetal era de su competencia. Por eso, los roces políticos y conflictos bélicos continuarían en los años siguientes.

Desde la mañana del 20 de enero de 1835, la erupción del volcán nicaragüense Cosigüina causó fuertes terremotos en la zona del golfo de Fonseca. Los más fuertes se sintieron a las 16:00 horas del día 20 y a las 15:08 horas del día 21. La magnitud de la erupción fue tal que su estruendo se escuchó en toda Centroamérica y sus cenizas llegaron hasta regiones como New York (Estados Unidos), Santafé de Bogotá (Colombia) y la isla de Jamaica. Debido a la oscuridad de más de 43 horas y a la cantidad de ceniza y arena expulsadas por el macizo volcánico durante 7 días, este período fue conocido después como “el año de la polvazón”.

Como consecuencia de esas eyecciones volcánicas, en el territorio oriental salvadoreño murió de angina una niña de siete años de edad, se perdieron muchas cosechas y se desarrollaron varias pestes humanas y animales, a causa de la gran mortandad entre la fauna terrestre, aérea y marítima de la zona. Cálculos posteriores estimarían las pérdidas humanas salvadoreñas en siete personas.
Desde las aulas de su escuela Aurora del Salvador, el docente brasileño Antonio José Coelho (¿1775?-1844) desafió públicamente a la ignorancia fanática de la población capitalina, que creía que la causa de tan violentísima erupción era atribuible, mediante artes diabólicas, a la propia persona del general Francisco Morazán, por haber expulsado de la República Federal al arzobispo Ramón Casaus y Torres y a una legión de frailes y religiosos. Ante semejante pensamiento infundado y supersticioso, Coelho pintó en el interior de su escuela una frase -“Si Morazán causa el volcán, poca luz las luces dan”-, que fue contestada con dureza por poetas y epigramas del momento en periódicos hoy desaparecidos o inaccesibles. Pocas semanas más tarde, ante la virulencia de los ataques, el mentor cerró su institución educativa.
En diciembre de 1838, un terremoto causó graves destrozos en Chinameca y en otros puntos del entonces extenso departamento oriental de San Miguel.

A las 15:00 horas del 22 de marzo de 1839 (Viernes de Dolores), un gran movimiento de la tierra desquició muchas casas en San Salvador. Las cercanas localidades de Quezaltepeque, Nejapa y Opico sufrieron severos daños, por lo que el epicentro del sismo fue atribuido al volcán de San Salvador, donde hubo varias réplicas y enjambres durante los siguientes seis meses.

Como consecuencia, a la 01:00 horas del 1 de octubre de 1839, un terremoto de 5,9 grados de magnitud (cálculo hecho en el siglo XX) destrozó muchas viviendas en la ciudad capital. Un total de 48 réplicas se produce en las 24 horas siguientes, pero las secuelas continuarían por más de 15 días. Por esta razón, el entonces jefe supremo de El Salvador, el general hondureño Francisco Morazán, ordenó el traslado de la capital a la vecina Cojutepeque.

A las 00:30 horas del 23 de junio de 1847, un temblor causó muchos daños y estropicios en los pueblos de la costa y cordillera del Bálsamo, en especial Guaymoco (Armenia) y San Juan Cacaluta.







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